El verano

del París clasista

del Berlín bohemio

del Londres caluroso con fish&chips

de la Torrevieja choni

de la coincidencia del pequeño George

del vencejo que no podía volar

de los sofás cama

del karaoke vietnamita

de los tres kilos perdidos

de Juego de Tronos

del cambio de la rueda de atrás

de guardar la tele

de las olimpiadas a distancia

del gazpacho casero

de la hamburguesa de pulpo

de colarse en el metro

y del bar de la esquina

 

 

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Elige tu propia realidad

Pedaleo mientras la bicicleta no para de rebotar sobre los adoquines de la acera. Más adelante, a unos 20 metros, veo a un señor acompañado por un perro, el cual camina despreocupado pero consciente de que sólo puede alejarse de su dueño la distancia que le permite la correa. Los alcanzo y reparo en que el hombre tiene el móvil en la mano. Mientras anda lo mira como si estuviera escribiendo un mensaje. Decido adelantarlos por la derecha cuando, de pronto, el perro gira hacia ese mismo lado. Le esquivo con un golpe de manillar justo al mismo tiempo que el señor, sin levantar la cabeza, pronuncia la palabra “cuidado”. 

 

Si crees que “cuidado” me lo decía a mí pasa a la página siguiente.

Si crees que se lo decía a su perro pasa a la página 76.

Si crees que estaba escribiendo “cuidado” pasa a la página 1.

Si crees que estaba leyendo “cuidado” pasa a la página 98.

Si crees que se lo estaba diciendo a sí mismo por las consecuencias que tendría enviar el mensaje, pasa a la página 12.

 

 

 

 

Ya no

Ya no soy impune.

Parece ser que hay una nueva ley, vete tú a saber.

De lo que estoy seguro es que en su aplicación hay disparidad de criterios.

Situación 1. Lugar: Torres de Colón.

Policia: Oye por favor, bájate de la bici que ese que va por allí [un peatón] se ha puesto tonto y me ha echado la bronca por dejar ir en bici a la gente. Perdona, eh.

Situación 2. Lugar: McDonald’s al lado de Kapital.

Policia: Disculpa, tienes que bajarte o ir montado al paso de los peatones, pero claro, esto es muy despacito.

Seguiremos informando.

Impune

Últimamente me muevo en bicicleta por Madrid.

Al principio pensé: soy un vehículo.

Pero me di cuenta de que como vehículo no tenía futuro, los de cuatro ruedas van mucho más rápido que yo.

Así que me replanteé mi condición y me dije: soy un peatón que va en bici.

Pero advertí que los de dos piernas se mueven mucho más lento que yo.

Sin quererlo había descubierto qué narices soy: a veces un vehículo, otras un peatón.

Y al mismo tiempo entendí eso de que no hay espacios para la bicicleta en Madrid.

Cosa que me importa muy poco.

El caso es que los policías, al aparecerme ante ellos en cualquiera de mis dos formas, no me dicen nada.

En bicicleta, soy impune.

En bicicleta, me muevo al margen de la ley.

Rebelde con causa y protección especial.

Me pregunto si podría llegar a hacer cualquier cosa subido en el biciclo.

Cualquier cosa.

Archivado en Reflexiones ‘todo a 100’