Elige tu propia realidad

Pedaleo mientras la bicicleta no para de rebotar sobre los adoquines de la acera. Más adelante, a unos 20 metros, veo a un señor acompañado por un perro, el cual camina despreocupado pero consciente de que sólo puede alejarse de su dueño la distancia que le permite la correa. Los alcanzo y reparo en que el hombre tiene el móvil en la mano. Mientras anda lo mira como si estuviera escribiendo un mensaje. Decido adelantarlos por la derecha cuando, de pronto, el perro gira hacia ese mismo lado. Le esquivo con un golpe de manillar justo al mismo tiempo que el señor, sin levantar la cabeza, pronuncia la palabra “cuidado”. 

 

Si crees que “cuidado” me lo decía a mí pasa a la página siguiente.

Si crees que se lo decía a su perro pasa a la página 76.

Si crees que estaba escribiendo “cuidado” pasa a la página 1.

Si crees que estaba leyendo “cuidado” pasa a la página 98.

Si crees que se lo estaba diciendo a sí mismo por las consecuencias que tendría enviar el mensaje, pasa a la página 12.

 

 

 

 

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