Viernes: BollyMadrid y después, la Grándola

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Actuación de la Compañía y Escual de Danza Patricia Passo (Foto de Sandra: http://www.fotolog.com/chinese_rock_84)

BollyMadrid
Este fin de semana se celebró BollyMadrid 2009, el 2º festival de Bollywood y cultura india de Madrid. Una parte de los 1.129.866.200 indios que habitan en el planeta Tierra se encontraba allí. Sí: había muchos. Y no sólo detrás de las barras. También en el lado que normalmente ocupamos los madrileños, los turistas o cualquiera que no sea indio, chino o árabe. Porque si bien Lavapiés es considerado el barrio multicultural de Madrid, no significa que exista una mezcla real de culturas. Nosotros pedimos las cañas, ellos nos las sirven. Nosotros consumimos, ellos proveen. Nosotros disfrutamos de la noche, ellos la trabajan. Y de día, ¿existen?  Me alegró verlos en el papel de los que se divierten y estamparme contra mis estereotipos, ocultos en algún lugar del inconsciente.

Llegué a la Plaza de Agustín Lara sobre las nueve de la noche. Después de degustar tres pequeños platos indios a 1€ cada uno -preparados por los mejores restaurantes de la zona, que sacaron puestos a la calle- y tomar una Cobra, la cerveza típica india, encontré a Sandra:

Sandra es fotógrafa. Pinchad aquí para ver su fotolog.

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Andrés improvisando

La Grándola (GoogleMaps)

El local ha sido reformado. Antes la barra estaba allí y ahora está allá. Las paredes, recién pintadas. El naranja de la franja superior me da buen rollo. Quizá soy sinestésico, aunque todavía no veo colores cuando escucho música. ¿Qué no cambia del garito? los platitos de cacahuetes, la bandera de Cuba en el techo, las mesas de madera y los barriles con cojín para sentarse. Como banda sonora de las charlas, una genial improvisación al piano de Andrés Kaba, un amigo del Congo que lleva en España dos años más que yo -treinta- y tiene cincuenta:

Después, Arturo Ballesteros (componente de Engendro, un peaso de grupo de grupo que practica la versión mejorada, como se describen a sí mismos en su página web) también improvisó. Lo mejor, la versión que se marcó de Space Oddity de Bowie. No tengo la grabación, pero sonaba parecido a esto:

La Grándola cierra. Yo me voy a casa.

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Ideas de postre

Sara en su nueva casa antes hablando por telefono con Fran el de contabilidad
Sara en su nueva casa hablando por telefono con Fran el de contabilidad sobre la hora y el lugar en el que quedar por la noche

A Sara, en realidad, no le apetecía ir al garito. Pero cuando la masa -en este caso siete personas- está de acuerdo en algo, es difícil conseguir que se baraje cualquier otra posibilidad. Además, no quería oponerse a la decisión de todos sus compañeros de trabajo y, aunque consiguiese convencerles de ir a otro sitio, sabía que después se sentiría responsable de su diversión, algo de lo que hacía tiempo había decidido huir. Así que no le quedaba otra opción que ir al Dependent. Asumía las consecuencias: demasiada gente, ruido, pachanga y diálogos que acaban con una sonrisa después de no haber entendido ni una sola palabra de la conversación.

Los cuarenta y cinco minutos que estuvieron en la cola para entrar a la sala parecieron dos horas porque Fran, pesado de vocación y contable de profesión, le obligó a fingir interés por lo que le estaba contando. Él pretendía sacarse unas oposiciones y estudiaba todos los días en una habitación rectangular, de color blanco, pequeña y con una palmera diminuta encima una mesa como único elemento decorativo. Pero últimamente no podía estudiar. La paranoia se la había provocado su compañero de piso al contarle que en los años setenta un cantante de rock se había intentado suicidar en ese mismo lugar pero que no lo había conseguido porque la habitación no tenía lámpara y no le quedó otra opción que abandonar la idea de acabar consigo mismo.

–    “¡Es increíble que una lámpara le salvara la vida!”
–    “Bueno, la ausencia de la lámpara”, respondió Sara.
–    “¡Sí! ¡Claro! Pero lo que te quiero decir es que hay objetos a nuestro alrededor que nos salvan la vida todos los días y no somos conscientes de ello. Las sillas, por ejemplo. ¿Dónde nos sentaríamos sin ellas?
–    “No lo concibo”, intentó concluir Sara.

Mientras Fran seguía hablando sobre los “objetos salvadores”, Sara sacó el móvil y envió un mensaje al chico que conoció el fin de semana anterior: “un nuevo principio para tu ética light: dar gracias a las sillas”. Él lo recibió mientras volvía a su casa en el búho y no le hizo gracia. Al instante siguiente recordó su cuello -más bien su tacto en los labios- y el chiste, súbitamente, se redefinió como una muestra de sutileza y humor inteligente. “Responder”.