Fotos 12.10.14

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Ganas de vacaciones, nivel…

El otro día, jugando a un videojuego por trabajo (que no por placer), manejando a un erizo azul que habla, recorriendo un palacio flotante situado por encima de las nubes digitales, anaranjadas además por efecto de un sol estático cercano al horizonte, acabé parado en una de las esquinas exteriores del palacio… disfrutando del atardecer.

Perdida y encontrada

He recuperado una mochila que perdí hace tres semanas en el autobús.

Así, ha quedado inmediatamente protegida por las leyes de la probabilidad: es prácticamente imposible volver a perderla.

Es más, aunque quisiera perderla otra vez…

NO PODRÍA

Primer beso cazado

Hoy he cazado un primer beso.

Era una pareja sentada en la terraza de un pub, protegidos de la lluvia bajo un toldo.

Ha sido extraño porque parecía una escena de película o de obra de teatro, solo que los actores eran buenísimos.

Qué forma tan casual y poco forzada de agarrarle él la mano a ella, acariciarla.

QUÉ SUBIDA DE MIRADA DE LOS DOS, desde las manos hacia arriba hasta encontrase con el otro, QUÉ CONEXIÓN. Ni Humphrey Bogart ni Ingrid Bergman ni leches.

En ese momento los tres sabíamos que iba a haber beso (quizá alguna mesa más también).

 

 

 

Standard

El otro día por la tarde un hombre en la entrada del tube repartía el Evening Standard, un periódico gratuito cuyo equivalente español podría ser el 20 Minutos.

Por cada uno que daba decía (con voz grave y sonora pero aburrida): “Standard, Standard, Standard…”.

Después de escuharlo durante unos segundos pensé que quizá, cuando pronunciaba “standard”, no se refería al nombre del periódico; es posible que lo utilizara como excusa para calificar, de forma íntima y cruel, a todo aquel que lo cogía.

“Standard, Standard, Standard…”.

Emitiría el juicio basándose en algún criterio totalmente injusto y subjetivo como el estilo de la ropa o el aspecto de las manos al agarrar el periódico.

Puede que su objetivo fuera encontrar a alquien extraordinario, alguien a quien darle el periódico con la misma voz grave y sonora pero aburrida diciendo: “Extraordinario”.

Alguna vez se juntarían tres extraordinarios.

“Extraordinario, extraordinario, extraordinario, standard”.

El cuatro se sentiría un poco mal.