El corte

Hace unos meses pagué por un corte de pelo gracias al cual me gané motes como Srta. Pepis o Príncipe de Beukelaer. La experiencia me hizo reflexionar. El corte de pelo es un servicio cuya forma de pago presenta un problema evidente. El profesional que empuña las tijeras, una vez que la víctima el cliente está sentado en la silla, sabe que, haga lo que haga, cobrará por el trabajo realizado. En esta posición estratégica tan cómoda se encontraba la peluquera que modeló una seta en mi cabeza. Tan confiada estaba de que abonaría la cantidad correspondiente, que al terminar, mirando en lo profundo de mis ojos llorosos, preguntó ¿era lo que querías? En ese momento la empresa de galletas Lu ya había contactado conmigo para interesarse por el caso.

 

Este es el problema de los pagos a posteriori por servicios irreversibles y efectos duraderos. No ocurre lo mismo en los restaurantes, lugares de pago a posteriori en los que el servicio es totalmente reversible (en la taza del váter) y no duradero. Por eso los restaurantes son el sitio idóneo al que acudir si no tienes dinero: te vistes bien, vas al restaurante, pides, comes y después te marchas sin pagar. No tendría sentido huir de una peluquería sin pagar, sonriendo traviesamente pero listo para ser clasificado como una nueva especie de boletus

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2 comentarios en “El corte

  1. Tu segundo párrafo me ha recordado a la situación en la que alguien diseña una página web, y luego el cliente dice que no le gusta, y no le paga ni un pavo al pobre trabajador…

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