No español

Hoy, Domingo, angoleño que emigró a España hace catorce años, entrega un NIE al funcionario español que le observa, entre aburrido y desconfiado, al otro lado del cristal. El empleado público recoge el documento y coteja toda la información a su alcance: hombre negro, habla castellano con acento raro, tiene un Número de Identidad de Extranjero y en la foto aparece él. ‘Todo correcto’, dice. Pero esa tarjeta, en realidad, pertenece al hermano de Domingo, tan negro como él, tan poco parecido.

Domingo no dice nada. En esta ocasión la confusión le conviene. Juegan a su favor los fallos de serie del ser humano, incapaz de procesar otros atributos a parte del más sobresaliente (en función de las características físicas predominantes en su entorno). Además, a Domingo le beneficia una trampa del lenguaje, que agrupa a todos los que no son del propio país bajo la etiqueta de extranjero y afecta al inconsciente de los diseñadores gráficos del estado, de forma que, estéticamente, todos los NIE son iguales.

Eso…

O el funcionario era un tipo enrollado.

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