Porrito de Navidad

Dios ha muerto, dijo Nietzsche. No estoy de acuerdo.

Sí: yo, Héctor Meléndez Díez de Villaverde, conocido por mis reflexiones periféricas, quizá un poco más sofisticadas que las que se escuchan en la cola del Mercadona, llevaré la contraria a Friedrich Nietzsche… ese.

Y Héctor dice: algo que no existe no puede morir.

Allá vamos. Es extraño que la religión, es decir, un sistema de valores, principios, filosófico, ético y -sobre todo- tan influyente, descanse sobre la inocente y débil idea (¿fe?) de la existencia de un señor mayor con barba blanca que nunca ha sido visto, oído, sentido, olido, tocado o… degustado. Para mí, Dios tiene la misma probabilidad de existir que Harry Potter; lo único que les diferencia es la cantidad de gente que cree en ellos y varios milenios de mentiras. Dadme 2000 años y haré que recéis al Sr. Spock. Además ahora, con Twitter, la red social con ese nombre tan atractivo para los medios y que según ellos tiene poderes mágicos (cuando no es así), os tendría totalmente controlados.

Aclaro: no me molesta que la gente crea en cosas que no existen. Pero de ahí a invadir la ciudad con pinos gigantes de plástico hay un trecho. Por otro lado, es contradictorio que en Navidad -período religioso en el que se celebra el nacimiento Cristo, momento de reflexión en el cual el creyente debería estar más preocupado por el espíritu que por la materia– uno de los días más importantes sea el sorteo de el gordo y empresas como Carrefour, Toys ‘R’ Us y El Corte Inglés se froten las manos pensando en la subida que pegarán sus ventas gracias a Papá Noel y los Reyes Magos. No es la única ocasión en la que los fieles caen en la tentación de cambiar la fe por el dinero, de hecho, les ocurre de vez en cuando.

Pero bueno, no quiero ser rencoroso. En Navidad hay muchos días de fiesta, eso está bien. La gente se ve obligada a estar alegre, nos olvidamos de la crisis compartida y de las crisis individuales, deseamos felicidad a los demás -sólo hasta el 7 enero- y comemos cordero y langostinos, la comida preferida de Jesús según la Biblia.

En fin, asumámoslo: la Navidad no es más que un coffee shop gigante en donde nos fumamos un enorme porro colectivo que, después de darle unas cuantas caladas, nos provoca hambre (de marisco) y gracias al cual nos evadimos, en compañía de toda la sociedad.

Mierda, me ha vuelto a pasar. Todo este texto para contaros algo que ya fue dicho hace más de un siglo por un tipo igual de importante que Nietzsche, Karl Marx: la religión es el opio del pueblo.

No sé a qué esperamos para cambiar los villancicos por un poco de reggae.

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2 comentarios en “Porrito de Navidad

  1. Recuerda por un momento lo que sentías cuando eras pequeño, cuando faltaba poco para el día de los Reyes Magos…nervios, emoción alegría, ilusión, pues sólo por eso yo le doy una calada al porrito. Por ver todas esas sensaciones reflejadas en la cara de un niño (en tí lo vi y ahora lo veo en la de mis hijos)…por lo demás soy más del bando de Harry Poter y por supuesto del reggae.Bessosss

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