Estrategias (miserables) de gestión de recursos humanos

Uno de los defectos que acompañan al ser humano desde el inicio de su existencia es tropezar varias veces con la misma piedra, causado, quizá, por nuestra inseparable manía de olvidar. Pero lo preocupante no es que una persona caiga y olvide, caiga y olvide -al fin y al cabo, sólo se hace daño a sí misma- sino que, como grupo, no seamos capaces de avanzar y dejar de cometer los mismos errores, condenando así a las siguientes generaciones a sufrir nuestra torpeza. Charles Chaplin, en 1936, ya censuró la filosofía inhumana del sistema de producción empresarial y 73 años después sigue ocurriendo lo mismo en multitud de compañías, sustituyendo las monstruosas máquinas por elegantes ordenadores y las toscas palancas de hierro por flamantes ratones ópticos. La filosofía de este tipo de empresas se basa en una idea muy simple: controlar al empleado a través de sus sentimientos y necesidades para que produzca al máximo. Por cortesía de Abraham Harold Maslow (1908-1970), psicólogo estadounidense, las necesidades del individuo:

maslow

Según Maslow, existen cinco niveles de necesidades que, como veis, representa gráficamente en una pirámide. Las reglas del juego: para sentir el impulso de querer alcanzar un nivel superior, tiene que estar cubierto el inferior. Por ejemplo, si una persona no ha dormido en tres días, deseará con todas sus fuerzas encontrar un sitio para descansar, antes que encontrarse con sus amigos y apreciar que forma parte de un grupo. Una vez satisfecha la necesidad de dormir, su cuerpo estará listo para anhelar lo que ofrecen los niveles superiores.

Lo aplicamos al curro. La mayoría de los mortales trabajamos para cubrir las necesidades de los dos primeros niveles. Habitualmente, conseguimos el quesito de las categorías superiores fuera del ámbito laboral: familia, amigos, pareja, proyectos personales, etc. Y lo logramos a cambio de lo mismo que ofrecemos, afecto y estima. Esto nos permite, en ocasiones, tener los cinco quesitos, llegar al vértice de la pirámide, contestar a todas las preguntas y sentirnos completamente realizados.

El miserable maquiavelismo empresarial entra en escena. Algunas compañías descubrieron que, además de pagar con dinero, podían pagar con sentimientos. Y no unos cualquiera, tenían la posibilidad de hacer negocio con las sensaciones más codiciadas, las únicas que te transportan directamente a la autorrealización. Resultado: la gente pica, pero, en lugar de autorrealización, sólo encuentra infelicidad y, sus emociones, embargadas de por vida.

Acabo de describir la estrategia que siguen de este tipo de empresas. Los métodos empleados, que incluyen técnicas de modificación de conducta o condicionamiento al más puro estilo La Naranja Mecánica, son más ruines aun. Os cuento los mejores, seguro que os suenan.

Galletitas

Si has hecho algo bien, te mereces una galletita por parte de tus superiores. En forma de sonidos articulados sería algo como: muy buen trabajo (equivalencia en dinero: 30€).

Autogalletitas

En este caso, lo de muy buen trabajo te lo dices tú a ti mismo. Son las más peligrosas. La empresa ya no necesita recompensarte para reforzar tus conductas dirigidas a producir, lo haces tú. Estar enganchado a las autogalletitas es uno de los ingredientes esenciales para cocinar una adicción al trabajo de chuparse los dedos.

Eso no se hace

Si has hecho algo mal, los amos te darán un toque de atención que corrija tu conducta y no te convierta en una oveja descarriada. Tienes suerte de que el ser humano sea tan simple porque, cual rata, a partir de ese momento tu cerebro intentará evitar la conducta que ha generado el castigo.

Galletitas de mentira

Cuando un toque de atención te deja el contador de autoestima casi a cero y es percibido por los supervisores, éstos, temiendo que dejes de producir a causa del bajón, te obsequiarán con una galletita de mentira. Por ejemplo, grapas un par de hojas y alguien te dice: ¡Excelente trabajo! (equivalencia en dinero: 5€).

La habitación del pánico

Es una técnica de intimidación que consiste en llevar al roedor a una sala de reuniones, junto con sus amos, los cuales le someten a la presión necesaria para provocar la reacción que buscan.

¡Mira Toby, una tarea en la que usar tu inteligencia!

El hueso es francamente atractivo. Por fin alguien ha sabido ver lo listo que eres y te ofrece una labor que se ajusta a tus capacidades intelectuales. Qué mejor forma de ponerte a prueba a ti mismo, salir victorioso y ganar en autoestima el equivalente a 500€. Así, en vez de 900, parece que ganas 1.400.

La ilusión de perfección

Algo tan evidente como que nadie es infalible no evita que, en el curro, pretendamos aparentar ser perfectos por medio del honorable truco de ocultar errores, aprendido, como no podía ser de otra forma, de nuestros jefes. Los pobres harían cualquier cosa por mantener intacta su autoridad y seguir repartirendo galletitas.

Momento Zen

Después de un tiempo sometido a las técnicas de modificación de conducta y condicionamiento, el moldeamiento empieza a surtir efecto. El trabajador se concibe a sí mismo como un aprendiz y a sus superiores como maestros. No puede estar más equivocado. Es como confundir al señor Miyagi con la señorita Rottenmayer, o a Obi-Wan Kenobi con Lola, o a Morfeo con Franco, o a… bueno, creo que lo habéis pillado: no son maestros, son domadores.

Gusto por la limpieza

Con el objetivo de que no nos salpique ni una gota de mierda procedente de algún problema que tenga un compañero nuestro con cualquier otro, debemos ir siempre a nuestra bola y preocuparnos, sólo, por nosotros mismos y nuestras relaciones, incluso si eso supone dejar los principios en el camino. ¡No intervención! ¡Es la solución!

Sueco Style

Fingir que nada de lo anterior sucede es un requisito imprescindible para seguir produciendo. El Sueco Style  consigue  formar un ejército de hipócritas que nunca permitirá detener la maquinaria empresarial.

¿Cuáles son las consecuencias de todas estas técnicas, conductas y pensamientos? Muchas malas, una buena. Entre las malas, destaca el surgimiento de un Sistema de Valores de Pacotilla (SVP) que, al ser aceptado y respetado, provoca un espejismo de ética. Es, ni más ni menos, la Ética Light. Además, como las personas tenemos piernas y boca, es sencillo que el SVP se contagie a otras empresas o al resto de la sociedad y, como resultado, se lie parda.

Ahora voy a explicar la consecuencia buena -la idea más importante de todo este rollo que acabo de soltar- y termino.

El entrenamiento dirigido a producir, a pesar de socavar la personalidad del individuo, cumple su objetivo, es decir, se desarrollan nuevas habilidades, se adquieren conocimientos y se interiorizan métodos. Estas capacidades hay que aprovecharlas para cambiar el sistema desde dentro. ¿Sabéis cómo producir? Producid lo que vosotros queráis. Utilizad la forma, destruid el contenido.

Como diría Obi-Wan, que la fuerza os acompañe.

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4 comentarios en “Estrategias (miserables) de gestión de recursos humanos

  1. el capitalismo es así.
    y es lo que hay.
    y a quien no le guste, al menos puede intentar montar su propio negocio para ganarse las lentejas.
    nadie obliga a nada

  2. muy bueno el post y muy real

    me paso el dia saltando de la uno a la tres (empezando por abajo)
    es decir, cuando logras la sensacion de eprtenencia al grupo, necesitas dormir 3 dias para recuperarte
    autorrealizacion? no se dequecoj.. estas hablando xD

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