Memento mori (I)

memento mori
Esta foto es de Clara. Hay más en su fotolog: http://www.fotolog.com/la_cazita_azul

Seguramente hubo un instante de silencio antes del golpe. Un momento en el que todos se callaron, justo cuando fueron conscientes de que el coche se dirigía sin remedio directo a la cuneta, en la que un muro de hormigón gris se encargaría de detenerlos en seco. El vehículo, un Ford Fiesta blanco matriculado 18 años antes; velocidad, 130 kilómetros por hora; supervivientes, cero.

Ellos no advirtieron ese último segundo de silencio de sus vidas. Sus ojos sólo tuvieron tiempo de procesar la imagen del muro, que aumentaba según se acercaban a él; los oídos suprimieron cualquier estímulo, al igual que el olfato, el gusto y el tacto; sus cerebros únicamente pudieron segregar adrenalina y contraer los músculos de todo el cuerpo, preparándolos así para el impacto. Las neuronas del lóbulo frontal ni siquiera tuvieron la oportunidad de intervenir, por eso, ninguno vio su vida pasar en una secuencia de imágenes, ni uno sólo tuvo tiempo de preguntarse ¿moriré? Para sentir miedo, rabia o impotencia tendrían que haber pasado una eternidad más de segundos.

Xantippe despertó y notó que había estado roncando, algo que le irrita especialmente. Pero llamó más su atención que reposaba sobre una superficie esponjosa desconocida. Abrió los ojos y, después de que una luz blanca intensa le cegase, apareció ante ella un paisaje espectacular: bajo sus zapatillas All Star negras se extendía una enorme nube blanca que incomprensiblemente aguantaba su peso; encima de su cabeza, una bóveda de cielo azul inmensa. Era de día, pero no había ningún sol. Entonces no he sobrevivido al choque y… esto es el Cielo, intuyó. Miró a su alrededor y observó que sus amigos también despertaban y se ponían de pie. Por su gesto de sorpresa supo que, al igual que ella,  eran conscientes de dónde se encontraban. Estaban todos: Díem, Timeo, Inanna, Liceo y Keres. Este último, mientras levantaba los pies exageradamente del suelo, intentando  analizar la extraña superficie sobre la que andaba, se atrevió a preguntar:

– ¿Estamos donde creo que estamos?
– Eso parece -respondió Xantippe dirigiendo su vista a un horizonte de 360 grados-.
– ¡¿Estamos muertos?! -preguntó Inanna a la vez que se tocaba el cuerpo como si estuviera cacheándose-.
– Es posible -respondio Liceo-.
– No puede ser -llegó a oírsele a Díem, que en realidad se lo decía a sí misma-.
– Creo que sí, Díem -concluyó Timeo, señalando un cartel que ninguno había visto-.

BIENVENIDOS AL PURGATORIO

Al confirmarse lo que todos se imaginaban, Xantippe quiso llorar, pero una voz femenina que parecía salir de un megáfono celestial –y que sorprendentemente respetaba la típica estructura de los mensajes de megafonía terrenal de notas musicales-mensaje-notas musicales– le distrajo:

– Un momento de atención por favor. Gracias por utilizar los servicios de la Iglesia Católica. Ahora mismo se encuentran en el Purgatorio, lugar al que han sido enviados por cometer pecados menores y en el que deberán cumplir una penitencia que purificará sus almas y les permitirá ascender al Cielo. La pena impuesta es la siguiente: están condenados a revivir el día de ayer y, aunque no guardarán recuerdo alguno de su paso por este lugar, un pensamiento estará instalado en sus mentes: la sólida convicción de que cuando acabe el día, morirán.

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