A las diez en Tribunal

Con esta frase comienza la noche del sábado. Me encuentro perfectamente porque la última vez que salí fue en Reyes, hace cinco días. Ahora, mi cuerpo puede digerir la cantidad necesaria de alcohol para pasármelo bien y las enzimas de mi estómago se agrupan en una formación defensiva, preparadas para metabolizar cualquier cosa. En un bar de abuelos medio vacío, con un mini de cerveza y un platito de pipas astutamente sazonadas sobre la mesa, mi colega y yo hablamos sobre las medidas que deberíamos tomar si no queremos que la resaca sea demoledora. Recordamos algunos de los consejos que leímos en este post de Apuntes Científicos desde el MIT y nos reímos al pensar que hace 8 o 9 años no nos hubiese hecho falta tomar ninguna medida.

Decidimos pasar de la cerveza al vodka, la segunda bebida que menos resaca deja según el ranking que aparece en el post. El agua es importante también (pobres riñones). Me acerco a la barra y pido: ¡oye perdona!, un mini de Absolut con limón y dos vasitos de agua. La camarera, una señora mayor, maquillada, mal peinada y con ese aire de haber sido construida con los mismos ladrillos que el bar que regenta, no me mira raro.

A miles de kilómetros de distancia, los palestinos sufren los ataques israelíes. Nuestra conversación deriva a este tema. Sorbo de vodka. ¿Vas a venir mañana a la manifestación? me pregunta mi amigo. No creo, le respondo. El bar empieza a llenarse de gente que bebe y fuma y la calle, a pesar de que hace un frío insólito, también. Cientos de jóvenes empleando su tiempo de ocio en salir de fiesta, reafirmando su estilo de vida a cambio de impulsar la economía del país y convertirse en seres inofensivos para cualquier gobierno. Qué cabrones los israelíes. Sorbo de vodka. Conciencia tranquila.

Tres minis más tarde, salimos del bar, nos encontramos con unas amigas y vamos al Dolce, el nuevo proyecto de la gente del Independance que intenta establecerse en Alonso Martínez, reino de Bisbal. Llegamos a la cola y esperamos muy poco hasta alcanzar la puerta, es pronto y todavía no hay tantas personas como para tener que sacar las sillas de camping y la baraja de cartas. En la entrada, el puerta la toma conmigo porque tengo en la mano un mini de vodka que había sacado del otro bar. Aprovecha la situación para subrayar su autoridad y me coge del brazo mientras me invita a abandonar la fila. También alivia su frustración informándome de que a los gilipollas de 40 años que beben en la calle hay que tratarlos así. Tengo 27 y aparento menos, pero debe ser que además de la cabeza, está mal de la vista.

Después, el Penta y un intento frustrado de entrar al Barco. Una larga caminata nos lleva a un karaoke de parking (puede que sea el único de su categoría) y cerramos el local cantando My way.

Por lo menos, Frank sí tenía claro cuál era su camino.

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3 comentarios en “A las diez en Tribunal

  1. Frank está muerto. Y Ernest. Y Oscar. Y John.Pero Paul, J.D, Chuck y Meléndez NO. Dale duro y ¡aprieta los dientes!

  2. Me quedo con el párrafo #3 aunque suene a topicazo, cosillas como esa me rondan la cabeza justo antes de dormir quitando unos…. 5 minutos de sueño.

    Seres inofensivos para cualquier gobierno.

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