Vecinos

Seguro que algún lugar de nuestro cerebro está especializado en guardar toda la información relativa a esos grandes desconocidos: los vecinos. ¿Cuántas neuronas se encargarán de guardar estos datos? ¿Una por vecino? ¿Una por piso? ¿O una sola vale para todos? Ni idea, la verdad. Ahora que lo pienso, tampoco sé cómo se llama la zona, así que la bautizaré como el vecinocampo.

El vecinocampo se activa automáticamente cuando nos cruzamos con un vecino. Y, al instante, pone en marcha el esquema de actuación pertinente. Primero se dice hola, la palabra que nos mantendrá unidos a ellos y en la que cimentaremos la relación durante todos los años de nuestra vida. Después, el proceso se divide en condicionales. Si subimos con ellos en el ascensor, queda bien recordar el piso en el que viven, aunque yo no me sé ninguno -la verdad- y siempre me sorprende cuando me preguntan: “al quinto, ¿no?”. Qué exhibición de memoria. Y todavía tiene más mérito si piensas que la media de edad de mi bloque es de 70 años. Cualquier día le salen ruedas al edificio y nos vamos todos de vacaciones a La Manga a jugar a la petanca.

Entonces el ascensor se pone en marcha. Es cuando siento que debería llevar un cartel para despajar cualquier duda: no necesito hablar del tiempo, gracias. De verdad, no pasa nada. Para que la relación funcione tenemos que seguir ajustándonos al hola y al hasta luego. ¡¿No lo entendéis?! ¡No hace falta profundizar hablando sobre si ha refrescado a partir de las siete de la tarde! ¡Tampoco me sentiré más unido a vosotros si me preguntáis que si voy a comer ya o qué! ¡No me tocaréis ninguna fibra sensible si me transmitís vuestra preocupación por la cantidad de propaganda que hay en el buzón! ¡No hace falta, vecinos míos! Os quiero igual.

Y ahora os quiero más aún. No me habéis visto durante cinco meses pero, al cruzarme con vosotros en la escalera, es como si no hubiera pasado el tiempo. Me veis la cara, yo veo la vuestra, se activan nuestros vecinocampos y nos decimos hola. Todo correcto en la excepción espacio-temporal de la escalera del bloque.

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2 comentarios en “Vecinos

  1. De todos es sabido que el Vecinocampo guarda profusas conexiones con el Cortex Prefrontal, área relacionada con la planificación de nuestra conducta y que por tanto se ve activada ante una decisión del tipo “¿acelero el paso o doy un rodeo antes de llegar al portal, para no cruzarme con el pesao del 4º?”. También son conocidas las relaciones que establece el Vecinocampo con el Sistema Mesolímbico, implicado en el desarrollo de emociones, como el horror intenso ante el cruce de miradas con la vecina cuya pared linda con mi cuarto y que debe rememorar a todos mis antepasados cuando pongo la música a todo lo que da.

  2. qué gran verdad en el último párrafo, 2 años fuera de casa y fieles al hola y al hasta luego
    no tengo la suerte de compartir el momento ascensor (siempre he vivido en un 1º) me has abierto un mundo de nuevas conversaciones, nunca había pensado lo de la propaganda x)

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