Nunca me agradaron los prolegómenos. Por eso, cuando capté que la tía estaba interesada en mí, paré el teatro, era ridículo. Le dije que ella sabía que, si seguíamos actuando, todo sería un camelo y yo, un farsante. Estaba de acuerdo. Como a mí, le gustaba jugar con las cartas boca arriba, modalidad en la que no hay lugar a las dudas. Llegados a ese punto, sólo quedaba observar cómo la química que había entre nosotros nos quemaba, literalmente, hasta convertirnos en cenizas. Yo deseaba que fuera ella la encargada de empezar, pero no encontraba las palabras para transmitirle lo que se me estaba pasando por la cabeza. Vamos, tía… repetía mentalmente, intentando, sin esperanza, que adivinase mis pensamientos.
Interpretación de la letra del temazo Light my fire de The Doors.
The Doors (1967)




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